La retórica como política
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Universidad de Alicante
Materia
Retórica Doxa Opinión pública Estado Derecho Rhetoric Public opinion State Law
Date
2020Referencia bibliográfica
Jiménez Sánchez, José J., (2020). La retórica como política. Doxa. Cuadernos de Filosofía del Derecho, 43, pp. 133-157. [https://doi.orgJiménez Sánchez, José J., (2020). La retórica como política. Doxa. Cuadernos de Filosofía del Derecho, 43, pp. 133-157. https://doi.org/10.14198/ DOXA2020.43.06]
Résumé
Aristóteles sostuvo la diferencia entre el saber científico
que se ocupa de lo indiscutible y necesario y el propio de
una facultad como la retórica que lo hace de las opiniones
comunes a la mayoría de los miembros de la ciudad, con
el fin de persuadirlos, pues tales opiniones son, aunque
pueden no serlo, pues cabe que sean de otra manera.
En la doxa sigue presente de manera plena el mundo
y solo en él tiene lugar la discusión política, aunque no
poseamos ya, como sucedía con Aristóteles, ni una ciencia
de la política que establezca como incuestionable el fin
de la ciudad, ni una ética que defina el bien absoluto, ni
tampoco conocemos una ley indiscutible, la ley común
establecida por la naturaleza.
Esta es la razón por la que nos encontramos en una
situación en la que no cabe la política como ciencia al modo
aristotélico, sino solo la retórica, entendida ahora como
política, en la que todo es debatible sin que poseamos
ningún criterio que actúe como elemento de orientación
en la discusión. De ahí la necesidad de divisar tierra firme
que nos oriente en el mar encrespado de discursos libres
en el que navegamos. Aristotle held the difference between scientific knowledge
that deals with the indisputable and necessary and that of
a faculty such as the rhetoric that deals with the opinions
common to most members of the city, in order to persuade
them, as such opinions are, although they may not
be, because they may be otherwise.
In the doxa the world is still fully present and political
discussion takes place only in it, althoug we do not
have, as happened with Aristotle, neither a science of politics
that establishes the end of the city as unquestionable,
nor an ethics that define the absolute good, nor do we
know an indisputable law, the common law established
by nature. This is the reason why we find ourselves in a situation in which politics does not fit as a Aristotelian
science, but only rhetoric, now understood as politics, in which everything is debatable
without having any criteria that act as an element of orientation in the discussion. Hence the need
to spot mainland to guide us in the curled sea full of free speeches in which we sail.