La violencia revolucionaria de Maurice Merleau-Ponty a Étienne Balibar
Identificadores
URI: https://hdl.handle.net/10481/97748Metadatos
Mostrar el registro completo del ítemFecha
2024Resumen
La importante contribución de Étienne Balibar sobre la violencia contiene un extraño ausente. En la obra no se encuentra referencia alguna al trabajo de Maurice Merleau-Ponty Humanisme et terreur. Essai sur le problème communiste. Lo subraya quien fuera también discípulo de Althusser y camarada del propio Étienne Balibar: Pierre Macherey. En una cuidadosa reseña de Violence et Civilité emparenta la obra con otras que utilizaron la partícula “y” para subrayar la relación particular entre dos términos que sólo pueden asociarse a partir de lo que los opone y que invita a pensarlos juntos (Macherey, 2010). Tanto Balibar como Merleau-Ponty piensan las violencias sistémicas y transformadoras y ambos asumen la inevitabilidad de la violencia. Sin embargos en las respectivas obras se afirma una desconfianza ante los efectos de las violencias practicadas desde una perspectiva liberadora. Con Balibar (2010, 49-98) llamaremos conversión a la hipótesis sobre la que se asientan tales violencias: presumen que, pese a sus efectos deletéreos, generaran instituciones que las compensan y que, sin el ejercicio de la violencia, no hubieran podido instaurarse. Hegel funciona el referente teórico de la conversión de la violencia señalando que existen crímenes que, observados desde la perspectiva de los actores, resultan monstruosos, pero que adquieren potencia creadora de instituciones cuando los observamos desde la perspectiva de la historia universal.
Con una perspectiva similar Merleau-Ponty (2010, 315) se planteaba la posibilidad de que la violencia proletaria no generase mayor justicia, sino una simple sustitución de las jerarquías sociales. Balibar (2010, 158) habla de una violencia inconvertible, de la que nada liberador puede germinar, entre otras razones porque atrapa afectivamente a los revolucionarios en un ciclo enloquecido de violencia. La violencia debe “civilizarse” si quiere encontrarse a la altura de sus objetivos emancipadores.
Nuestra lectura parte de que, en ambos libros, encontramos al menos cuatro perspectivas básicas de civilización de la violencia. En primer lugar, debemos señalar qué nos obliga a contemplar la violencia como un dato insorteable de la política. Seguidamente, en segundo lugar, necesitamos comprender cómo se producen las elecciones políticas. Clarificados estos dos puntos, nos encontramos en condiciones de civilizar la violencia desde dos perspectivas. La primera consiste en combatir la concepción expresivista del adversario político, la cual convierte el mundo en teatro de un enfrentamiento dicotómico entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del Diablo. La segunda requiere incorporar una concepción trágica de la violencia que subraya el aspecto destructivo que esta implica, el cual no puede ser canjeado por ningún futuro radiante. Utilizaremos un corpus de elementos históricos que permiten comprender la relevancia de los temas que presentamos.