Un modelo de intervención social desde la perspectiva de género y el Trabajo Social
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Universidad de Granada
Director
Morales Villena, AmaliaDepartamento
Universidad de Granada. Programa de Doctorado en Estudios de las Mujeres, Discursos y Prácticas de GéneroFecha
2024Fecha lectura
2024-10-11Referencia bibliográfica
María Encarnación Quesada Herrera. Un modelo de intervención social desde la perspectiva de género y el Trabajo Social. Granada: Universidad de Granada, 2024. [https://hdl.handle.net/10481/97632]
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Tesis Univ. Granada.Resumen
Esta tesis doctoral nace de las tensiones producidas a lo largo de mi experiencia profesional y
académica en el Trabajo Social. Se trata de la exposición, puesta en cuestión y validación, en
discusión con los datos extraídos, de una experiencia encarnada e interseccionada por el feminismo
como teoría y práctica política cuyo objetivo principal es ofrecer un modelo de intervención social
desde la perspectiva de género.
Utilizando la autoetnografía realizo un análisis reflexivo de la intervención social realizada
comparando mis primeros diez años laborales y los últimos diez, siendo el eje transformador
mi toma de conciencia feminista y el impacto que ha ejercido en mi práctica profesional. Esta
transformación también me ha permitido observar los resultados en las intervenciones realizadas
por profesionales de mi entorno cuando no tienen en cuenta las relaciones jerárquicas de poder, la
construcción de la subjetividades masculina y femenina y la influencia de la estructura patriarcal
en el pensamiento, las instituciones, los modelos de intervención social, la profesión del Trabajo
Social y en cada una y uno de los y las profesionales.
En cuanto a la estructura de la tesis, en el primer capítulo se expone la guía filosófica de esta
investigación basada en la epistemología feminista. Es el cuestionamiento a la ciencia positivista,
el que ha generado en mí un posicionamiento situado como investigadora, posibilitando otros
espacios más acordes a un método de investigación antipatriarcal. Me posiciono frente a la
supuesta neutralidad y objetividad en la investigación, ante la separación entre la razón y la
emoción, significando también una separación entre lo masculino y lo femenino, equiparando la
razón a lo masculino, generando la ciencia positivista ante un rechazo de la emoción y lo femenino.
Ante estas dicotomías excluyentes, tanto quienes intervenimos como quienes investigamos nos
definimos como seres sentipensantes, con la imposible disolución entre razón y emoción. Y como
tales, también somos sujetos de la investigación y la intervención.
El capítulo segundo presenta el marco teórico sobre el que se sustenta esta propuesta que incorpora
el Trabajo Social crítico y las teorías feministas. Se inicia teorizando sobre el género para tener una
comprensión profunda sobre el mismo que nos permita, en palabras de Joan Scott, ser una categoría
útil para el análisis y para la implementación en la intervención social. Cuando intervenimos sin
poner en cuestionamiento los mandatos de género estamos perpetuando la sexualización tradicional
de los roles de género y, por lo tanto, fomentando la subordinación de las mujeres. Que el Trabajo
Social sea una profesión feminizada y que sus orígenes partan del asistencialismo social condiciona
nuestro rol profesional, nuestra propia autopercepción y los modelos de intervención, lo cual debe
de ser revisado por parte de la profesión, la Academia y cada profesional que lleva a cabo funciones
de intervención social (Morales y Agrela, 2018). Urge un Trabajo Social feminista, emancipador, que realmente se dirija a transformar a todos
los sujetos de la intervención y al orden establecido (Alcázar, 2014), pasando por las propias
instituciones que llevan a cabo o diseñan las políticas de igualdad y políticas sociales
En el tercer capítulo se describe el proceso de elaboración de la tesis y todo el trabajo de campo
el cual y que, a su vez, me ha llevado a obtener los resultados para el análisis. Además de la
autoetnografía, con el objetivo de dialogar con mi experiencia, se han diseñado y empleado diversas
fuentes primarias para la recogida de información:
-El cuestionario on line Orientaciones y contribuciones para el diseño de un modelo
de intervención social desde la perspectiva de género, realizado a través del software
Limesurvey, que fue respondido por 197 profesionales del ámbito de la intervención
social. El cuestionario abordaba cuestiones tales como la tecnificación de la intervención
social, la institución, la población usuaria, el autoduidado, las subjetividades de género
y la perspectiva de género en la intervención social.
-Los 3 grupos de discusión estuvieron formados por una media de siete profesionales del
ámbito de la intervención social (educación social, psicología y, predominantemente,
del Trabajo Social) tanto de servicios especializados como específicos. Estos grupos
posibilitaron el debate sobre los principales resultados de la encuesta, obteniendo así
tanto la descripción como el cuestionamiento de los propios resultados.
- No podía faltar la voz de la otredad en esta investigación. Por ello, se ha contado con
la voz y la experiencia de diez mujeres, que han sido atendidas en distintos dispositivos
de intervención social. Estas entrevistas en profundidad han permitido conocer qué
piensan sobre las intervenciones que han recibido y sus propuestas para mejorarlas.
Sus voces han obtenido agencia, por una parte por las aportaciones realizadas, y por
otra, por el impacto que ha causado en ellas mismas sentirse sujetos de cambio ante la
intervención social.
-Por último he realizado una revisión crítica sobre mis interrelaciones con las mujeres
que he atendido durante mis años de trabajo, a través de la revisión de 10 expedientes.
Han sido seleccionados intencionadamente en razón del impacto y aprendizaje que
la intervención causó en mí. Por lo tanto, no me he apoderado de sus voces, no he
suplantado sus voces, sino he hablado del significado encarnado en mi cuerpo tras la
experiencia con ellas.
En el capítulo cuatro, sobre el análisis, los datos hablan entre sí, mis experiencias, las encuestas, los y las profesionales y la población atendidas. Un subcapítulo ha sido dedicado única y exclusivamente
a las voces de las mujeres entrevistadas con la intención de otorgarles un lugar privilegiado.
Nos encontramos con que existe un vago conocimiento sobre el concepto de género y una gran
dificultad para aplicarlo a la intervención social por falta de formación específica, aunque los y las
profesionales reconocen la necesidad de un modelo de intervención social desde la perspectiva de
género. Es una profesión que se dedica al cuidado pero sin autocuidado, dirigida a cuestionar el
orden establecido pero sin autocuestionarse, llamada a trabajar en equipo y coordinación pero sin una
cultura del trabajo en equipo ni metodologías de coordinación. Quienes en los grupos de discusión
cuentan con conocimiento sobre la teoría feminista tienen mucho más claro la identificación y
solución de dilemas éticos, el modelo de intervención y el encuadre profesional que el resto de
integrantes. Por su parte, las mujeres entrevistadas identifican como buena praxis la calidez en la
intervención y exigen rigurosidad en el seguimiento, el trato y en la implicación institucional.
El capítulo cinco, titulado Un modelo de intervención social desde la perspectiva de género es
resultado de los datos del análisis e implementando el capítulo teórico. Se cumple así con el objetivo
de ofrecer un modelo de intervención social desde la perspectiva de género. Se trata de un modelo
reflexivo, creado para discutir con otros modelos. Algunas de sus claves son: la intervención
está dirigida a la construcción de sujetos autónomos y profesionales situados, la ruptura de la
intervención individual/familiar, grupal y comunitaria, la necesidad de realizar intervenciones con
impacto en la estructura institucional, la política y orden patriarcal establecido, el reconocimiento
de los y las profesionales como sujetos de la intervención y la incorporación en las intervenciones
del amor como teoría y política.
El capítulo seis está dedicado a las conclusiones y en ellas se destaca la dificultad de la intervención
social de distanciarse de sus inicios marcados por el asistencialismo. Es necesario empoderarnos
desde nuestros cuerpos, nuestros contextos, y como profesión para lo cual el conocimiento y
reconocimiento de las emociones es fundamental. La formación y la consciencia plena respecto a
la intervención son elementos dirigidos a ese empoderamiento para lo cual precisamos de espacios
de reflexión conjunta, de cuidado y de seguridad. La aplicación de este modelo de intervención
feminista y la implementación del género en otros modelos es urgente y necesario para una
transformación social.
Y la investigación finaliza con la propuesta de líneas futuras de investigación.
Se incluyen además las fuentes bibliográficas y un apartado de anexos. This doctoral thesis is born of the tensions produced throughout my professional and academic
experiential trajectory in social work. It seeks to reveal, question, and validate—in conversation
with the hard data I have gathered throughout my career and from the fieldwork—an embodied
experience intersected by feminism as theory and political practice. The primary objective of this
work is to offer a model of social intervention that is grounded in a gender perspective.
Taking an auto-ethnographic approach, I conduct a reflective analysis of the social interventions
I have carried out over the years, broadly comparing my first decade in this field with the second
decade. During this trajectory, the transformative axis has been my growing feminist awareness and
its impact on my professional practice. This transformation has also enabled me to discern more
acutely the outcomes of those interventions carried out by professionals in my environment that
fail to take into account hierarchical power relations, the construction of masculine and feminine
subjectivities, and the influence of the patriarchal structure on thought, institutions, and models
of social intervention, on the social work profession itself, and on each and every one of us as
professionals engaged with it.
The thesis is structured as follows. Chapter 1 presents the philosophical framing of this research,
which is based on feminist epistemology. My questioning of positivist science has informed my
positioning as a researcher, which, in turn, has opened up other spaces to me that are better aligned
with an anti-patriarchal research method. I contest the supposed neutrality and objectivity of the
research process and stand against the attempted separating of reason and emotion that has equated
to a separation between the masculine and the feminine. In this separation, reason is equated with
the masculine, giving rise to a positivist science that rejects emotion and the feminine. I argue,
however, that, contrary to these mutually-exclusive dichotomies, we—both those of us who make
professional social interventions and those of us devoted to research—are sentipensante (sensing–
thinking) beings, and that it is impossible to define ourselves as either rational or emotional. I work
from the principle that we are whole persons with both of these facets and that, as such, we too are
also subjects of research and of any social intervention we may make.
Chapter 2 presents the theoretical framework on which this inquiry is based, which brings together
critical social work and feminist theories. It begins by theorizing to seek a thick understanding of
gender that, in the words of Joan Scott, provides a useful category for analysis and implementation in
social intervention. When we intervene without questioning gender mandates, we are perpetuating
the traditional sexualization of gender roles and, therefore, promoting the subordination of
women. The very fact that social work, in itself, is a feminized profession and that its origins lie in
assistentialism shapes our professional role, our own self-perception, and the models of intervention which we adhere. And this must change—in the profession as a whole, in academia, and in each
and every professional who performs any kind of social intervention function (Morales and Agrela,
2018). I believe there is an urgent need for feminist, emancipatory social work that is truly aimed
at transforming all the subjects of the intervention and the established order (Alcázar, 2014). This
includes the very institutions that implement or define equality policies and social policies.
Chapter 3 describes the methodology followed in developing the thesis, including the fieldwork
and data-collection for subsequent analysis. Complementing the auto-ethnographical approach,
and in dialogue with my own experience, several primary sources were designed and/or consulted
to gather relevant information:
• An online questionnaire, entitled “Guidelines and Contributions for the Design of a
Social Intervention Model from a Gender Perspective”. The survey was administered
using Limesurvey software and was completed by a sample of 197 professionals from
the social intervention field. It addressed topics such as the technicalization of social
intervention, the institutions from which this work is delivered, the user population,
self-doubt, gender subjectivities, and the gender perspective in social intervention
work.
• Discussion groups (three in total) each comprising seven professionals active in different
branches of social intervention (social education, psychology, and, predominantly,
social work). The sample comprised both personnel from services with a specialist
thematic focus and those from services devoted to a specific function. These groups
made it possible to debate the main results of the survey, thus simultaneously helping
to interpret the findings but also question them.
• In-depth interviews with 10 women who had been supported under different aspects
of social intervention, thus providing a place for the crucial voice of otherness. These
interviews provided first-hand insights into their experiences, to better understand their
thoughts on the interventions they had received and to hear their ideas for improvement.
Their voices thus became a tool for their own agency as they contributed directly to the
research, experiencing what it feels like to be agents of change in a process designed to
generate important improvements in social intervention.
Finally, I conducted a critical review of my own interrelationships with the women I have supported
professionally during my career to date. To this end, I returned to examine 10 case files. These were
intentionally selected based on the impact the intervention in question had made on me and the
personal learning that derived from it. Crucially, therefore, I neither overrode nor supplanted their voices with my own; rather, I spoke of the meaning now held in my body as a result of my lived
experiences with these women.
In Chapter 4, which focuses on analysis of the findings, the data speak to each other and to my
experiences, the survey results, the other professionals engaged in this work, and the population
served. An important subchapter here is devoted exclusively to the voices of the women I interviewed
with the deliberate intention of giving them their rightful place.
I found that professionals’ knowledge surrounding the concept of gender remains vague; and,
generally, there is significant difficulty in applying it to social intervention due to a lack of specific
training, even though practitioners do recognize the need for a social intervention model from a
gender perspective. This is a field devoted to caring but lacking self-care, focused on questioning
the established order but reluctant to self-question, and called to rely on teamwork and coordination
but possessing neither a team culture nor coordination methodologies. Those participating in the
discussion groups who possessed knowledge of feminist theory were much clearer on how to
identify and resolve ethical dilemmas, on the intervention model, and on the professional framework
than those without such knowledge. For their part, the women I interviewed framed human warmth
during interventions as good praxis and called for more rigour—in monitoring, in the attention
provided, and in institutional involvement.
Chapter 5, entitled “A Model of Social Intervention from a Gender Perspective”, is the fruit of
the data-analysis combined with the insights gained in the theoretical chapter. This fulfils the
objective of offering a model of social intervention from a gender perspective—a reflective model,
intended to sit in conversation with others. Among its key underlying principles are: the idea
that any intervention should aim to construct autonomous subjects and situated professionals—
that is, professionals whose knowledge is grounded in their own personal contexts and realities,
breaking the typical boundaries (individual/family, group, and community) between supposedly
distinct categories of interventions; the need to implement interventions that positively impact our
institutional structures, the political sphere, and the established patriarchal order; the importance of
recognizing practitioners as subjects of intervention; and the incorporation of love, as theory and
policy, in intervention-making.
Chapter 6 is devoted to the conclusions, highlighting in particular the difficulty faced by social
intervention in attempting to distance itself from its origins, which were characterized by
assistentialism. It is necessary to empower ourselves from within our bodies, our contexts, and
our profession, for which awareness and recognition of emotions are fundamental. Training, but
also bringing one’s full awareness to the intervention, both during and later in reflection, are both
elements that contribute to this empowerment, and for this we need spaces for shared reflection that are characterized by care and safety. I contend that the application of this feminist intervention
model and the implementation of gender in other models are both urgent and necessary for social
transformation.
The dissertation ends with a series of recommendations for potential lines of research for the future.
Bibliographical sources and appendices are also included.