dc.description.abstract | El estudio del control
cognitivo ha proporcionado una serie de índices comportamentales y neurales
asociados a los mecanismos involucrados en la detección y resolución del
conflicto. Estos índices han sido obtenidos principalmente en el marco de los
paradigmas de conflicto estímulo-respuesta, y en gran parte de ellos los
estímulos son de naturaleza cognitiva, carente de carga afectiva. Sin
embargo, esto no atiende a la complejidad de las situaciones cotidianas.
Si bien es cierto que diariamente lidiamos con elementos de nuestro
entorno que no presentan contenido emocional alguno, muy a menudo
nuestras actividades se desarrollan en contextos que en sí mismos presentan o
elicitan eventos afectivos. En consecuencia, el esfuerzo por incluir
información afectiva en el estudio de los mecanismos de control no es una
cuestión baladí. Dos fundamentos añadidos apremian la inclusión de material
afectivo en los paradigmas clásicos de compatibilidad estímulo-respuesta.
Por un lado, investigaciones previas atestiguan la influencia que la
presentación simultánea de materiales afectivos ejerce durante la resolución
del conflicto, dado que pueden alterar la rapidez y la eficacia con la que esta
se produce (e.g. Garcia-Garcia, Domínguez-Borràs, SanMiguel, & Escera,
2008; Kanske & Kotz, 2010, 2011; Whalen, Bush, Shin, & Rauch, 2006). De
otra parte, numerosas propuestas teóricas abogan por la existencia de una
estrecha relación entre las emociones y el desempeño normal de nuestras actividades cotidianas. Muchas de las tareas que realizamos suelen estar
contextualizadas por nuestra naturaleza social y la estrecha relación que
existe entre esta y las emociones (Barrett, 2012; Barrett & Bliss-Moreau,
2009; Ibanez, Kotz, Barrett, Moll, & Ruz, 2014; Parkinson, 1996; Maria Ruz,
Ibanez, Kotz, Barrett, & Moll, 2014). Por consiguiente, una aproximación al
estudio de los mecanismos de control en entornos que combinen las
emociones y el contexto social es fundamental para comprender qué factores,
y cómo, determinan nuestro comportamiento habitual en situaciones de
conflicto reales.
Los intentos en pos de equiparar el estudio del conflicto con
materiales cognitivos y afectivos han sido más frecuentes mediante el empleo
de técnicas de neuroimagen, como la resonancia magnética funcional. No
obstante, hay cierto vacío de conocimiento sobre el comportamiento de los
índices electrofisiológicos durante la resolución del conflicto de tipo afectivo.
La flexibilidad con la que resolvemos las interferencias en el curso del
procesamiento de la información es una habilidad considerada fundamental
por la rapidez con la que hace posible la acomodación y el reajuste de nuestro
sistema cognitivo para dar respuesta a las demandas externas. Por tanto, la
cronometría de los mecanismos desplegados en situaciones que requieren de
estrategias atencionales de reajuste y control es crítica para su correcto
desempeño, relevancia que se extiende a su estudio.
Teniendo en cuenta las consideraciones previas el presente trabajo, a
lo largo de cuatro series experimentales, se ha centrado en dar respuesta a dos
cuestiones fundamentales. La primera se focaliza en la comparación de los
procesos involucrados en la resolución del conflicto cognitivo y emocional.
Avanzando sobre estudios anteriores (e.g. Kanske & Kotz, 2010a, 2010b,
2011; Whalen et al., 2006), en nuestro caso el contenido emocional es parte
integrante de la tarea que realiza la persona. La segunda atañe al estudio del
conflicto, a nivel comportamental y neural, en situaciones en las que las
emociones son contextualizadas con un referente social frecuente en nuestras
vidas, las relaciones interpersonales. | es_ES |