La comida como ritual sangriento en la dramaturgia de Roberto Cossa
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Ortiz Padilla, YolandaEditorial
Universidad de Almería
Materia
Literatura hispanoamericana Teatro contemporáneo Dictadura Hispanic American Literature Contemporary theatre Dictatorship
Fecha
2018Referencia bibliográfica
Ortiz Padilla, Y. (2018). La comida como ritual sangriento en la dramaturgia de Roberto Cossa. Álabe, nº 18 (Julio-Diciembre), 1-19. DOI: 10.15645/alabe2018.18.4
Resumen
En este artículo, nos aproximamos
a la dramaturgia de Roberto Cossa
para analizar aquellas piezas en las que el
reparto está formado por los miembros de
una familia que realizan en escena el acto
cotidiano de comer. Nos referiremos a
Nuestro fin de semana, en su primera etapa,
y a La Nona, No hay que llorar, El tío Loco y
Años difíciles, en la segunda. El estudio del
banquete nos permite, por un lado, comprobar
el valor simbólico que este gesto
adquiere en su dramaturgia y, por otro
lado, examinar la evolución estética Cossa.
Así pues, de las escenas en las que comer
en familia transcurre con una tensa tibieza,
pasaremos a una distorsión en la que la
violencia y el sexo aparecen ante la mesa.
La voracidad se convierte en la materialización
del egoísmo de los victimarios y
adquiere un alcance simbólico que apunta
hacia la Dictadura del extratexto. This article looks at how the
dramatist Roberto Cossa approaches familiar
scenes of families eating together.
The plays included here are Nuestro fin
de semana (“Our Weekend”) from Cossa’s
first period; and La Nona (“Grandma”),
No hay que llorar (“No need to cry”), El tío
Loco (“The Crazy Uncle”) and Años difíciles
(“Difficult Years”) from his second. Studying
Cossa’s use of meals allows us, on one hand,
to understand the symbolic value that they
acquire in his work over time; and, on the
other hand, to examine his esthetic evolution.
In this way, we will examine scenes
ranging from the tense mundaneness of
an everyday meal, to the strain created by
sex and violence appearing at the table. Voracity
becomes the materialization of the
victimizer’s selfishness and acquires a symbolic
status that points to the dictatorship
offstage.





